Inmoral cap 19 por Elena Saavedra

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Capítulo 19

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Talia estaba al lado de su amante, Freya, observando su hermosa piel blanca cuando la luz de la ventana entró en su habitación. Después de haber terminado abruptamente su relación con Lydia había decidido que quería pasar página. Freya era una mujer con curvas en forma de reloj de arena y de estatura media. Tenía el pelo castaño, corto y lacio, sus ojos eran marrones intensos, sus labios gruesos y su nariz respingona. Freya se despertó, se puso un camisón y dio un beso a Talia. Desayunaron juntas en el comedor y decidieron ir a dar un paseo por el pueblo. De pronto mientras hacían unas compras a Talia le pareció ver por el rabillo del ojo a Lydia, al darse la vuelta vio a Aelle a su lado. Su corazón se paró durante lo que pareció una eternidad, pero un dulce beso de Freya la volvió a la realidad. Talia sacudió la cabeza, a pesar de tener una mujer magnífica a su lado no pudo evitar que la envidia la invadiera.

 

Shire había pasado un día maravilloso con Johan y había decidido darle una oportunidad cuando la noticia de que Aelle había escapado llegó a sus oídos. Johan apareció en la taberna poco después de almorzar, con rostro bastante preocupado. Shire le abrazó, su hermoso joven moreno tenía los ojos aún lagrimosos.

 

— ¿Qué ha sucedido? Me he enterado de la noticia.

— Están ahí fuera con horcas y antorchas proliferando odio, violencia y muerte en nombre de mi hermana. Ya había odio asentado por culpa de lo de mi madre y ahora…esto… Están matando a gente en nombre de mi hermana, inmorales les llaman… como si eso justificara los actos atroces que están cometiendo — dijo emocionado Johan.

— Tú entregaste a uno de tus amigos.

— ¡Eso es mentira! Yo quise detenerles, pero era demasiado tarde. ¿Qué podía hacer?

— Sabía que eras diferente, pero jamás pensé que estuvieras en contra de la ley inmoral.

— ¡Pues claro que estoy en contra! Mi madre murió a causa de esa estúpida ley que sólo fomenta el odio y ahora mi hermana es perseguida por lo mismo — saltó Johan.

Shire abrazó a Johan — Lo siento, pero este es el mundo que tu padre ha construido.

Johan se apartó de Shire — ¿Y crees que no lo sé? Es como si me partieran el corazón a pedazos. Mi padre es un monstruo asesino. Lo peor es el odio que se ha implantado en este reino no se marchará con la muerte de Horlk II. Todo este odio llevará años disiparlo y aun así puede que siga habiendo gente con odio irracional.

Shire besó en los labios a Johan — A pesar de ellos, debemos luchar. Será una batalla larga, pero si conseguimos derribar esa ley habremos conseguido una gran victoria.

— ¿Y qué tenemos que hacer? — preguntó Johan.

Shire se acercó hasta él — Marcharte conmigo. Horlk II ha eliminado a todas las demás líneas de sucesión o las apartó, así que tú eres el único heredero. Sin herederos Irina tomará el trono con la muerte de tu padre y eliminará la ley o lo de lo contrario el pueblo se le echará encima y lo sabes. Si sigue con la política de tu padre la matarán sus hombres y la remplazarán por un coronel. Así que su única opción es hacer algo diferente para ganarse a los rebeldes, sería si única opción.

— Supongo que tiene sentido — Johan suspiró — De todos modos, yo nunca he querido ser rey. Al principio me gustaba ser príncipe, pero después de la muerte de mi madre y ahora con la persecución de mi hermana me doy cuenta de que jamás podré ser libre si soy rey. Así que sí, me iré contigo después de la boda para que mi padre no sospeche nada — Johan abrazó a Shire algo más alegre y la besó.

Shire se apartó de su lado sonriente — Estoy deseando empezar nuestra nueva vida juntos.

Inmoral cap 18 por Elena Saavedra

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Capítulo 18

Diseño: @goncep

Lydia y Aelle estuvieron dos días viajando por mar hasta que llegaron las costas del reino de Cirne. La noticia de la huida de Aelle había llegado ya hasta allí y por lo tanto Oberyn estaría muy furioso con su hija. El reino de Cirne era bohemio y lleno de color, sus ciudadanos eran de distintas razas y procedencia. Las casas eran altas y hechas de piedra, todo con un estilo barroco en su diseño. El castillo alzado sobre la cima de una colina era majestuoso, casi una obra arte. Por las calles cogidos de la mano había parejas homosexuales, tanto hombres como mujeres; y lo más increíble para Aelle era ver que los ciudadanos lo veían absolutamente normal. Incluso vio a una pareja homosexual con un pequeño de unos seis años subido a los hombros de uno de sus padres. Aquello era como otro mundo totalmente distinto al que conocía Aelle. Había un teatro precioso en aquella misma calle y la escuela y el hospital no estaban lejos. Era como viajar a un futuro casi idílico para Aelle, era impresionante. Por supuesto la moda y la forma de vestir era similares a la de Rausvai, pero en todo lo demás no se parecían en absolutamente nada.

Lydia y Aelle bajaron del barco emocionadas, aquel era su futuro y ahora podría hacerse realidad. Caminaron por las calles mientras los ciudadanos pasaban entre ellas sin ni siquiera percibirse de su presencia. Vestidas de pueblerinas pasaban totalmente desapercibidas entre la multitud y aquello a Aelle le hacía sentir rara y hasta incómoda. Tendría que empezar a acostumbrarse a su nueva vida y vivirla lo mejor posible.

 

Oberyn recibió a su hija en el castillo con semblante de preocupación, sus ojos azules lo decían todo — ¡Eres una irresponsable! Cómo se te ocurre ir a Rausvai a escondidas y luego volver con la princesa. ¿Sabes a que acabas de someter al reino por este estúpido capricho tuyo? — Lydia no dijo nada, simplemente hizo una reverencia hasta el suelo y Aelle la siguió. Oberyn obligó a los centinelas a levantarlas a ambas y suspiró — Ya no hay vuelta atrás, y lo sabes. Eres tan testaruda como tu madre que en paz descanse.

— Padre… me gustaría decir algo si me lo permites — Oberyn a regañadientes aceptó asintiendo con la cabeza — Sé que no te he dado hasta ahora motivos para confiar en mí, pero la verdad es que nunca habría cometido este riesgo tan grande sino Aelle no fuera importante para mí y estoy dispuesta a demostrarlo y a ganarme de nuevo vuestra confianza.

Oberyn se volvió a Aelle y la miró estudiándola — ¿Y qué me podéis decir vos?

Aelle algo miedosa se acercó a Lydia — Majestad… Yo he vivido toda mi vida siendo algo que no era… Intentando engañarme a mí misma porque tenía miedo. Ya sabéis que en mi reino se persigue y mata los inmo…quiero decir… a los homosexuales. Todo esto es un gran cambio para mí. Sin embargo, arriesgué mi vida al escaparme con vuestra hija por varios motivos. El primero es porque sino me iba tendría que casarme con Kern dentro de poco para disipar los rumores sobre mi inmoralidad y haber vivido una vida llena de mentiras e infelicidad. El segundo motivo es que Lydia me hace sentir querida y comprendida, incluso cuando no quise admitir lo que soy ella me quiso y me motivó a hacer este viaje. Y el último es que no quería seguir viviendo en un reino dónde tendría que esconderme y mirar por mi vida continuamente. No sabía si Cirne sería el reino que me describía Lydia, pero no podía quedarme y seguir con aquella vida tan miserable. Incluso aunque haya supuesto haber perdido todo lo que conocía, ha merecido la pena. Al menos ahora sé que estoy segura y puedo amar a quien quiera sin preocuparme por ello.

Oberyn volvió a sentarse en su trono y suspiró algo cansado — Entiendo que para ti todo esto haya sido difícil, pero no puedo ir a la guerra por una persona. Así que debéis casaros, de esta forma Aelle estaría más protegida y yo podría negarme a entregarte a tu padre. Os daré un día para pensarlo y otro día para hacer lo que os ordeno, sino lo hacéis haré que envíen de vuelta a Aelle a Rausvai. Esta sería la forma perfecta para demostrarme que decís la verdad al decir que amas a esta mujer, hija mía.

Ambas se miraron, no necesitaron nada más. Lydia asintió — Lo haremos. No permitiré que Aelle regrese a Rausvai eso supondría su muerte y eso me mataría a mí también.

 

Oberyn asintió, estaba convencido de que su hija no haría tal cosa por lo que aceptó el reto. Oberyn pensaba tentar a Lydia y cuando ella cayera, como siempre, Aelle se marcharía, como habían hecho las otras mujeres con la que Lydia había tenido una relación en el pasado. Talia era su favorita para un posible futuro matrimonio, pero la llegada de Aelle había frustrado todos esos planes de Oberyn. Así pues, las dejó marchar a sus habitaciones y poco después llamó a Deborah, a quien explicó su cometido.

Aelle y Lydia llegaron a la habitación, cansadas y hambrientas. Unos sirvientes les llevaron la comida a la habitación y después de comer decidieron pasar un tiempo juntas en la habitación. Lydia comenzó a besar a Aelle, era tan hermosa que resplandecía luz propia. Ambas empezaron a desnudarse lentamente y comenzaron a hacer el amor. Aelle jugó con su sexo mientras Lydia lamía sus pechos. La pasión las dominó a ambas. Lydia introdujo los dedos en la vagina de Aelle y comenzó a rotar mientras la besaba. Poco después notó como Aelle hacía lo propio con ella y dejó escapar un gemido de placer. Sus caderas se fusionaron como si fueran una propia y mientras los pechos de ambas se rozaban entre sí. Al final gritaron extasiadas de placer, una al lado de la otra y se quedaron dormidas disfrutando de la compañía mutua.

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